Integración inteligente al mundo


EL ROL POSITIVO DE LA ARGENTINA
EN LA ESCENA GLOBAL

Síntesis

  • El Gobierno cree en una Argentina integrada al mundo, que vea el creciente intercambio comercial, político y cultural con otros países como una oportunidad y no como una amenaza. En estos años buscamos recuperar el tradicional rol positivo de la Argentina en la escena global y elaborar una estrategia para desarrollar nuestro potencial en el mundo.
  • En el momento del cambio de gobierno, la Argentina se encontraba encerrada sobre sí misma. Durante años, nuestro país sostuvo una política exterior confrontativa, atravesada por la desconfianza y el aislamiento, que debilitó nuestra imagen, nos alejó de aquellos socios con los que compartimos valores e intereses y afectó nuestra capacidad de participar e incidir en las principales preocupaciones de la agenda global.
  • Nos propusimos revertir esta situación desde el comienzo de la gestión. El primer paso consistió en reconocer que el desarrollo y el crecimiento de nuestro país dependen, en gran medida, de nuestra capacidad de construir relaciones abiertas, pragmáticas y transparentes con el mundo.
  • En un contexto internacional complejo y cambiante, esta convicción nos llevó a apostar a la construcción de entendimientos más dinámicos y flexibles con el mundo. Nuestra estrategia de inserción internacional inteligente se propuso impulsar una agenda de política exterior abierta y transparente, que refleje el carácter pacífico, democrático y plural de la Argentina.
  • Esta estrategia dio resultados concretos. Abrimos 178 mercados internacionales para nuestros productos y la presidencia del G20 permitió mostrar una Argentina que participa de igual a igual en las conversaciones sobre los principales asuntos globales.
  • Desafíos pendientes. La integración demanda esfuerzos largos y sostenidos. Nuestra agenda internacional de los próximos años tendrá nuevos hitos en este sentido. Durante el primer semestre de 2019 ejerceremos la Presidencia Pro-Tempore del Mercosur. Seguiremos apostando por un bloque abierto e integrado al mundo, para que esta plataforma regional se transforme en ámbito promotor del desarrollo del país y la región. Para ello, necesitamos contar con criterios más flexibles y dinámicos, que nos permitan avanzar también en el acercamiento a otros bloques como la Unión Europea. Esta flexibilidad potenciará las oportunidades de crecimiento de una Argentina integrada a la región y al mundo.

Qué encontramos

El Gobierno encontró una política exterior errática y un país encerrado sobre sí mismo. La percepción internacional de la Argentina era negativa, luego de haber empleado durante años una retórica que combinaba la idea de “vivir con lo nuestro” con un ánimo de confrontación, especialmente hacia Europa y los Estados Unidos. El sistema de alianzas regionales e internacionales de la Argentina se había vuelto estrecho e ineficaz.

Históricamente, la Argentina había sido reconocida por tener una diplomacia profesional sofisticada y sensata, que llevó al país a ocupar un rol positivo y sostenido en la escena regional y global (rol que adquirió a menudo la forma de facilitador o articulador). Sin embargo, cuando asumió el Gobierno, los profesionales del Servicio Exterior estaban desacreditados y habían sido desplazados de los mecanismos de decisión de la Cancillería.

La Argentina se contentaba con un rol solamente marginal en procesos críticos como la construcción de paz en Colombia, la crisis de refugiados, las negociaciones ambientales y, a pesar de una retórica efusiva al respecto, la profundización de la integración regional. Los vínculos con los vecinos estaban dañados, ya fuera por la administración de los recursos y la infraestructura de la frontera común, por las deudas históricas que impedían avanzar en nuevos proyectos, por las prácticas comerciales desleales, por la falta de diálogo político o por la combinación de varias de las anteriores.

Qué hicimos

Durante los primeros tres años de gobierno, el Presidente Macri mantuvo más de 130 encuentros bilaterales con Jefes de Estado y de Gobierno de 48 países. En términos agregados, estos representan el 86% del PBI global, el 78% del comercio mundial y el 81% de los flujos de inversión extranjera. Esta intensa y proactiva agenda de diplomacia presidencial permitió a la Argentina renovar la confianza de la comunidad internacional, sustentada en la cercanía y el respaldo hacia el Presidente por parte de los principales líderes del mundo.

La renovación de nuestra imagen como socio confiable de la política global tuvo como resultado la designación de la Argentina como país organizador de la 11a Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio. El evento, que tuvo lugar en Buenos Aires en diciembre de 2017, contó con la presencia de más de 160 delegaciones. En la reunión se avanzó en temas de comercio electrónico, facilitación de inversiones y micro, pequeñas y medianas empresas.

Presidencia del G20. La Argentina fue también seleccionada para una responsabilidad histórica: organizar, a fines de 2018, la primera Cumbre de Líderes del G20 en América del Sur. A lo largo de ese año, nuestro país ejerció con éxito la presidencia del principal foro de cooperación económica y financiera internacional. Con una visión desde el Sur, que tuvo en cuenta las aspiraciones y preocupaciones del mundo en vías de desarrollo, planteamos una agenda cargada de actualidad y futuro: la infraestructura para el desarrollo, el futuro del trabajo, el futuro alimentario sostenible y el empoderamiento de las mujeres.

Ejercer la Presidencia del G20 implicó una tarea inédita para la Argentina. Además de los esfuerzos que demandó la organización del evento –que supuso la realización de más de 60 reuniones–, los argentinos tuvimos la oportunidad de demostrar nuestra capacidad de promover, en un contexto internacional sumamente complejo, acuerdos comunes entre los principales líderes mundiales. El documento final, consensuado con la mediación de la Argentina, destacó entre otros puntos el rol del comercio como motor del crecimiento, la productividad y el empleo, enfatizó la importancia de atender las consecuencias humanitarias de los movimientos de refugiados y condenó al terrorismo en todas sus formas.

Finalmente, también impulsamos una política de acercamiento a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El Gobierno se propuso iniciar el camino para adquirir un nuevo status en ese organismo y capitalizar su experiencia y sus conocimientos sobre buenas prácticas, a fin de contribuir a mejorar nuestras políticas públicas en materia de transparencia y de gobernanza económica y multiplicar las oportunidades para el crecimiento y el desarrollo del país.

Una Argentina comprometida con los desafíos del mundo. La recuperación del protagonismo internacional de nuestro país incluyó una contribución activa a la agenda de seguridad regional y global. La Argentina tuvo un rol protagónico en la misión de la ONU en Colombia, donde participamos con unos 100 observadores. Dada nuestra experiencia y nuestra trayectoria en operaciones de mantenimiento de paz, esta organización también encomendó a la Argentina la dirección del Grupo de Trabajo Conjunto para la Desmilitarización, Desmovilización y Reinserción de las milicias de la Resistencia Nacional Mozambiqueña.

También creamos el Gabinete Nacional del Programa Siria para avanzar en el compromiso asumido de recibir refugiados sirios. Como resultado, se fortalecieron nuestras capacidades para acoger e integrar a refugiados por medio de esquemas de patrocinio comunitario con cooperación público-privada. Hoy cuenta con la participación de nueve mesas provinciales y una mesa nacional que brindan apoyo a más de 400 personas en nuestro país (el mayor número de personas reasentadas que ha recibido la Argentina en su historia) y a aquellas que buscan acceder al programa.

Además, en reconocimiento al compromiso histórico de nuestro país con la no proliferación, la Argentina se incorporó a la Agencia para la Energía Nuclear de la OCDE y presidió la Comisión de Desarme de la ONU. En este foro, la diplomacia argentina supo contribuir a la adopción por consenso de una serie de recomendaciones tras 18 años de estancamiento en las negociaciones.

Otro de los desafíos globales en los que demostramos un renovado y ambicioso compromiso es el de la lucha contra el cambio climático y la apuesta por el desarrollo sustentable. Tras la firma del Acuerdo de París y la ratificación realizada en las Conferencias de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP), creamos el Gabinete Nacional de Cambio Climático y aumentamos nuestra Contribución Nacionalmente Determinada (NDC) en un 20%. También conformamos la Comisión Nacional Interinstitucional de Implementación y Seguimiento, encargada de vincular la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible con los objetivos y las prioridades del Gobierno.

Promoción de la democracia y los derechos humanos en la región. La recuperación de la imagen de la Argentina en el mundo también se apoyó en el impulso de una política más activa en América del Sur, orientada a la consolidación de una región cada vez más estable, pacífica y respetuosa de los valores de la democracia y los derechos humanos.

Este compromiso incluyó, desde el inicio del gobierno, la firme condena de la gravísima situación de violaciones a los derechos humanos que atraviesa Venezuela. La dictadura bolivariana ha sumido al país en una crisis política, económica, humanitaria y sanitaria que afecta negativamente la estabilidad y la gobernanza de la región y genera condiciones negativas para su crecimiento y desarrollo.

La Argentina ha cumplido un rol protagónico en la visibilización de la crisis venezolana por parte de la comunidad internacional, particularmente en lo que respecta a las violaciones a los derechos humanos y la situación de los presos políticos. Este compromiso, acompañado por el Grupo de Lima, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA), incluyó la presentación ante la Fiscalía de la Corte Penal Internacional de la situación relativa a crímenes de lesa humanidad cometidos en Venezuela desde febrero de 2014.

El Gobierno también impulsó la aplicación de sanciones y restricciones de ingreso al país para los funcionarios del régimen venezolano, que incluyeron la implementación de alertas bancarias por eventuales movimientos financieros sospechosos. Estas acciones se propusieron contribuir a la búsqueda de una solución pacífica a la crisis venezolana, como así también limitar la capacidad del régimen de restringir las libertades individuales, reprimir a los líderes de la oposición y profundizar las violaciones a los derechos humanos.

Por último, hicimos nuestro aporte al desafío humanitario regional que supone la crisis de Venezuela. Desde 2016 recibimos más de 130.000 venezolanos, brindándoles facilidades en sus trámites de residencia y convalidación de títulos educativos. El equipo de Cascos Blancos de la Argentina que opera en la frontera colombo-venezolana ha brindado atención médica a aproximadamente 3.000 pacientes venezolanos.

Lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo. En estos años, con voluntad política y mayor cooperación con nuestros socios de la región y del mundo, avanzamos en la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y el lavado de activos. Logramos aumentar la cantidad de droga incautada, desarticular redes criminales de narcotráfico, aumentar las capturas de prófugos nacionales e internacionales y reducir los homicidios vinculados al narcotráfico en todo el territorio. A través de un fuerte vínculo con el mundo, también profundizamos el intercambio de información financiera para perseguir las operaciones vinculadas al lavado de activos del crimen organizado.

En los foros internacionales condenamos el terrorismo y reclamamos justicia por los dos atentados sufridos, en 1992 contra la Embajada de Israel y en 1994 contra la AMIA, que se cobraron la vida de 107 personas y cientos de heridos. Continuamos trabajando para lograr que todas las personas involucradas en los ataques se presenten ante tribunales argentinos, sean interrogadas y, eventualmente, condenadas.

Islas Malvinas y Atlántico Sur. Desde el inicio de la gestión, el Gobierno se propuso inaugurar una nueva etapa en la relación con el Reino Unido. Este esfuerzo, apoyado en la ratificación del mandato constitucional de reclamo de soberanía sobre nuestras Islas del Atlántico Sur, estuvo orientado a entablar un diálogo franco y abierto que permita reconstruir la confianza bilateral y aprovechar las oportunidades de desarrollo y crecimiento que surgen de la cooperación entre ambos países.

En este marco, la visita a la Argentina de la Primera Ministra Theresa May (primera vez que un Primer Ministro británico visita Buenos Aires luego de la Guerra de Malvinas) ratificó los logros obtenidos en el camino hacia la construcción de una relación bilateral amplia y positiva, que conduzca a nuevos entendimientos y a generar la confianza necesaria para alcanzar una agenda sin exclusiones, que incluya la soberanía de las Islas.

Esta nueva fase ha permitido trabajar en los temas propuestos en la hoja de ruta de la relación bilateral, concretándose múltiples hitos: se profundizó el trabajo humanitario con el reconocimiento de los soldados argentinos enterrados en el cementerio de Darwin; se ampliaron las conexiones aéreas entre el territorio continental argentino y las islas; se retomaron las reuniones del Subcomité Científico de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur; y se levantaron las restricciones británicas adicionales sobre exportaciones militares, entre otras iniciativas.

Promoción del comercio, las inversiones y el turismo. Esta política exterior activa fortaleció también el apoyo de la comunidad internacional a los esfuerzos argentinos de transformación económica del país. La construcción de un marco normativo transparente y previsible, combinado con una agenda positiva de vinculación con el mundo, produjo beneficios a nivel bilateral y multilateral en términos de acceso a mercados, flujos de inversión y mayor desarrollo del turismo en el país.

Afianzamos la relación con los principales socios comerciales del país y decidimos darle un nuevo impulso al Mercosur, modernizándolo para adaptarlo a las realidades del siglo XXI. Lideramos el lanzamiento de una ambiciosa agenda de negociaciones externas para establecer acuerdos con la Unión Europea, EFTA, Canadá, Corea y Singapur, que nos permitirán ampliar nuestro volumen exportador y mejorar la atracción de inversiones. También realizamos avances concretos hacia la convergencia con la Alianza del Pacífico, que nos van a permitir construir una región productiva con proyección hacia los dos océanos y ser uno de los polos crecimiento y dinamismo económico.

Abrimos 178 mercados en 45 países (y bloques) que benefician a una amplia gama de productos agroindustriales de las economías regionales de nuestro país (como el acceso de limones a México y los Estados Unidos). Negociamos el reingreso de nuestro país al Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) de los Estados Unidos, lo que permitió que en tan solo ocho meses la Argentina exporte 229 productos por más de 200 millones de dólares sin pagar aranceles y con potencial para triplicar este valor en 2019. Recuperamos el mercado de biodiesel europeo, con exportaciones de valor agregado por 1.000 millones de dólares. Acordamos con China la habilitación para el ingreso de carne enfriada y congelada y la apertura del mercado para la exportación de cerezas frescas, carne ovina y caprina de la Patagonia y equinos en pie.

Contamos con más de 150 oficinas en el mundo (Embajadas, Centros de Promoción Comercial y Consulados) al servicio de los empresarios argentinos que buscan internacionalizar sus negocios. Intensificamos la organización de viajes de negocios, misiones empresariales y rondas multisectoriales. Difundimos la oferta exportable de bienes y servicios de nuestro país, identificamos oportunidades concretas en nuevos mercados, facilitamos la preparación de agendas con contrapartes extranjeras y colaboramos en la participación de las principales ferias y salones internacionales.

Desafíos pendientes

Nuestra estrategia de inserción internacional inteligente se propuso sentar las bases para la recuperación del protagonismo de la Argentina en la agenda global y la construcción de una imagen de país confiable, transparente, con reglas de juego claras y comprometido con la democracia y los derechos humanos en la región y el mundo.

El cumplimiento de este objetivo demandará esfuerzos largos y sostenidos. Queremos afianzar y diversificar aún más nuestras relaciones externas, porque estamos convencidos de que la construcción de un país próspero, estable y con oportunidades para todos requiere fortalecer la integración y continuar apostando por una Argentina protagonista del contexto internacional.

Nuestra agenda internacional de los próximos años tendrá nuevos hitos en este sentido. Durante el primer semestre de 2019 ejerceremos la Presidencia Pro-Tempore del Mercosur. Seguiremos apostando por un bloque abierto e integrado al mundo, para que esta plataforma regional se transforme en ámbito promotor del desarrollo del país y la región. Para ello, necesitamos contar con criterios más flexibles y dinámicos, que nos permitan avanzar también en el acercamiento a otros bloques como la Unión Europea. Esta flexibilidad potenciará las oportunidades de crecimiento de una Argentina integrada a la región y al mundo.

En marzo de 2019, Buenos Aires será sede de la Segunda Conferencia de Alto Nivel de la ONU para la Cooperación Sur-Sur. También fuimos elegidos como sede de la próxima Exposición Universal Especializada, que tendrá lugar en 2023, la primera de este tipo que se llevará a cabo en Latinoamérica y la segunda en el Hemisferio Sur. Invitaremos a la comunidad internacional a dialogar sobre las industrias creativas en la convergencia digital, en el marco de la nueva economía del conocimiento.

El 18 de julio de 2019 se cumplirán 25 años del atentado a la AMIA. Este aniversario será una oportunidad para redoblar nuestro firme compromiso con la seguridad global y la búsqueda de justicia. En este marco, continuaremos reclamando justicia para las víctimas y familiares de los ataques terroristas más brutales que hayan ocurrido en nuestro territorio, fortaleciendo también la promoción de los valores de la paz, la libertad y la convivencia democrática.

También continuaremos apoyando todos los esfuerzos de la comunidad internacional para la reconstrucción de la democracia y el restablecimiento de condiciones de vida dignas para los venezolanos. Promoveremos, en el marco del proceso de transición liderado por el Presidente Encargado Juan Guaidó, la realización de elecciones libres y transparentes, con plena vigencia de la Constitución y las libertades democráticas.

Decidimos revertir años de aislamiento y confrontación. Sabemos que mejorar nuestras relaciones con el mundo es un proceso sin atajos, pero estamos sentando las bases para que este esfuerzo genere beneficios concretos y sostenibles para el país. Estamos convencidos que una Argentina conectada al mundo contribuye a una Argentina próspera, con oportunidades para que el trabajo y el talento de nuestro país puedan llegar a todos los rincones del planeta.

UN SOCIEDAD INTEGRADA AL MUNDO

Síntesis

  • En diciembre de 2015 la Argentina tenía una de las economías más cerradas del mundo y una predisposición al recelo o la desconfianza frente a la apertura internacional, que excedía el comercio o la política exterior y se manifestaba en todo tipo de áreas políticas y sociales. Otros países aprendían poco de nosotros, y nosotros aprendíamos poco de las lecciones de otros países.
  • La integración inteligente en el mundo es una disposición que debe atravesar transversalmente al Estado y a la sociedad, desde garantizar el acceso de calidad a Internet hasta colaborar con organizaciones globales para investigar delitos internacionales (como el narcotráfico, la trata de personas o el lavado de activos), entre muchos otros ejemplos.
  • En estos tres años, el Gobierno promovió en cada uno de sus ministerios y, cuando tuvo la oportunidad, con representantes de la sociedad civil, un espíritu de mayor integración con organizaciones y experiencias internacionales y les pidió el esfuerzo de promover en sus áreas de influencia un mayor protagonismo internacional del talento argentino.
  • Desafíos pendientes. Continuar el proceso de internacionalización, no sólo de la economía, para que sus resultados beneficios sean visibles para cada vez sectores más amplios de la sociedad. Y tener en cuenta a aquellos que, muchas veces comprensiblemente, aún tienen dudas sobre este camino, después de experiencias fallidas de apertura en el pasado.

Qué encontramos

En diciembre de 2015 la Argentina tenía una de las economías más cerradas del mundo (todavía la tiene, a pesar de los progresos recientes) y una predisposición de recelo o desconfianza frente a la apertura internacional, que excedía el comercio o la política exterior y se manifestaba en todo tipo de conductas y áreas.

Era difícil exportar e importar, a veces por prohibiciones explícitas (como con la carne), otras por normas burocráticas que simulaban mayor control pero favorecían la arbitrariedad y la corrupción, y en otras ocasiones por la falta de una cultura exportadora coordinada desde el Estado. Se exportaban excedentes, lo que el mercado interno no podía absorber, y pocas empresas tenían una estrategia de verdadera inserción internacional. Además, la infraestructura para exportar (puertos, caminos, trenes de carga) estaba seriamente retrasada.

Esta política productiva enfocada casi exclusivamente en el mercado interno –con las excepciones de los cereales y, cuando fue posible, la energía– tenía su reflejo en otras actividades de la vida política y cultural de la sociedad, en las cuales con frecuencia dominaba una actitud de desconfianza en la integración internacional y de la capacidad de los argentinos de participar en conversaciones y proyectos internacionales con protagonismo y convicción.

Veníamos de un país poco conectado entre sí y con el resto del mundo. Por ejemplo, teníamos poco desarrollo aerocomercial (mientras los países de la región habían duplicado o triplicado sus vuelos y pasajeros, en la Argentina llevábamos 15 años casi estancados); estábamos retrasados en comparación con nuestros vecinos en la conexión a Internet, que es hoy la principal manera de acceder a conocimientos y alternativas que exceden nuestras fronteras; y no habíamos creado una cultura de hospitalidad hacia el turismo extranjero, que crea empleo, genera divisas y pone en contacto a personas y empresas de todo el país con estándares habituales en todo el mundo, entre otras.

Participábamos poco de las conversaciones globales más urgentes, como el cambio climático, las energías renovables o cómo alcanzar los objetivos del milenio de Naciones Unidas. Estábamos lejos de incorporar los estándares de buen gobierno y transparencia de organismos internacionales, y nuestras dependencias estatales, incluyendo las judiciales, las militares y las parlamentarias, dialogaban menos de lo deseable con sus contrapartes extranjeras y con las organizaciones internacionales que establecen paraguas conceptuales y recomiendan mejores prácticas.

Por una variedad de razones, que van desde impulsos nacionalistas y aislacionistas en la clase política y empresarial hasta las lecciones de experiencias fallidas de integración, los argentinos creíamos que nuestra experiencia y nuestro conocimiento tenían poco que aportarle al mundo y, en la misma dirección pero en sentido contrario, que las experiencias y el conocimiento del resto del mundo tenían poco para aportarnos. Otros países aprendían poco de nosotros, y nosotros aprendíamos poco de las lecciones de otros países.

Qué hicimos

El Gobierno cree en una Argentina integrada en el mundo, que ve el creciente intercambio comercial, políco y cultural con otros países como una oportunidad y no como una amenaza. Desde el primer día, el Gobierno se propuso recorrer este camino de mayor intercambio con una agenda de trabajo que excede largamente la política exterior (ver el capítulo Un rol positivo para la Argentina en la escena global en esta sección) y que incluye a casi todas las áreas de gestión de gobierno.

La integración inteligente en el mundo es una disposición que debe atravesar transversalmente al Estado y a la sociedad, desde darles a más argentinos la posibilidad de volar a otros países desde sus propias provincias y garantizar el acceso de calidad a Internet de las localidades más pequeñas hasta aprender de otros países cómo se gestionan las empresas estatales con profesionalismo y transparencia, colaborar con organizaciones globales para investigar delitos internacionales (como el narcotráfico o el lavado de activos) y facilitar la exportación de obras de arte para fomentar la circulación internacional de los artistas argentinos.

En ese sentido, el Gobierno promovió en cada uno de sus ministerios y, cuando tuvo la oportunidad, con representantes de la sociedad civil, un espíritu de mayor integración con organizaciones y experiencias internacionales y les pidió el esfuerzo de promover en sus áreas de influencia un mayor protagonismo internacional del talento argentino. Creemos que los argentinos tenemos mucho para ofrecer y que, si lo hacemos con un espíritu amplio y generoso, el mundo también tiene mucho para ofrecernos.

Sin embargo, no es con un acercamiento agresivo o defensivo con la que lograremos este objetivo. Este camino no es ni conquistar ni ser conquistados, sino integrarnos en cadenas de valor comerciales e institucionales y aprovechar esta integración para generar empleo, fortalecer nuestras instituciones y permitir que la polinización cruzada entre argentinos y no argentinos nos permita ser mejores como sociedad y contribuir a mejorar el mundo. A continuación, una síntesis de las áreas más importantes en las que el Gobierno ha promovido la inserción inteligente en el mundo.

Argentina Exporta. Para crecer sostenidamente y salir de la mediocridad, la Argentina tiene que exportar más. Tenemos una rica y variada dotación de recursos naturales y una población diversa con una gran capacidad. Tenemos también un entramado industrial elaborado y una rica historia productiva. Más del 75% de los sectores tienen al menos una empresa que exporta y en total son cerca de 9.600 las empresas argentinas que le venden sus productos o servicios al mundo, aunque llegaron a ser más de 15.000.

Las oportunidades están en todo el país y en todos los sectores, desde los más ligados a los recursos naturales hasta aquellos vinculados a la industria, pasando por los servicios que atraviesan todas las cadenas de valor.

Necesitamos que más empresas aprovechen estas oportunidades. Para eso estamos desarrollando una cultura exportadora comprometida con la competencia y con la diferenciación, la calidad, el diseño y la tecnología. Las pymes son el motor de la Argentina y se tienen que animar a crecer de la mano de todo lo que le pueden ofrecer al mundo.

En octubre de 2018 el Gobierno lanzó Argentina Exporta, que engloba los avances de los tres años de gesón y propone una mirada enfocada en la promoción de las exportaciones como una vía fundamental hacia el desarrollo, que permita aumentar las inversiones, la generación de divisas genuinas y aumentar la compevidad del sistema. El objetivo es triplicar las exportaciones argentinas para 2030. (Más información en Argentina Exporta.)

Para ello avanzamos en una agenda de acuerdos y negociaciones internacionales que nos permitieron abrir más de 170 mercados para más de 100 productos. Avanzamos en varios ejes para facilitar el comercio y reducir los costos para exportar, como la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), que digitalizó todos los trámites pre-aduaneros para exportar. Lanzamos Exporta Simple, que permite a emprendedores y empresas pequeñas exportar por correo prácticamente sin hacer trámites (y que enero de 2019 ya habilitó exportaciones a más de 80 países). Trabajamos con bancos públicos y privados para promover un mayor acceso al financiamiento para inversiones y exportaciones, seguros de crédito y financiamiento para ferias.

Logística para la producción. En el momento del cambio de Gobierno, la Argentina tenía puertos caros, lastrados por trabas burocráticas y costos arbitrarios. Esto le restaba competitividad en la región y en el mundo. Los productos argentinos terminaban cargándose en otros medios de transporte o directamente a través de otros países, como Uruguay.

Después de tres años de revisiones y negociaciones, exportar un contenedor desde el Puerto de Buenos Aires es (por primera vez en la historia) más barato que hacerlo desde el puerto de Santos en Brasil. Mientras que en 2015 sacar un contenedor por el Puerto de Buenos Aires costaba 509 dólares, hoy cuesta 198. Además, estamos mejorando la infraestructura de los tres puertos más grandes del país.

También mejoramos notablemente la infraestructura de carga en los aeropuertos. La nueva terminal de carga en Ezeiza, ya inaugurada, incluyó ampliaciones, repotenciación eléctrica, climatización y la instalación de un control computarizado. Gracias a estas mejoras el costo de armado de la mercadería se va a reducir en un 30%. Además, modernizamos las instalaciones de carga y el depósito fiscal del aeropuerto de Tucumán, que hasta 2015 tenía restricciones de peso por las condiciones de la pista. Ahora, hay 15 vuelos diarios entre los de cabotaje y los internacionales y la operación de cargas es independiente de la de pasajeros. Desde Tucumán se exportan en avión arándanos y limones, gracias a las nuevas obras. (Más información en Más logística para producir más y mejor.)

Turismo. El turismo tiene la capacidad de llegar a todos los puntos del país, reactivar las economías regionales por su rol redistribuidor de recursos y generar empleo con arraigo. Diseñamos y estamos ejecutando una estrategia para convertir al turismo en un motor del crecimiento económico. La estrategia del Gobierno tiene cuatro ejes: posicionar a la Argentina como líder turístico regional a través del crecimiento del turismo receptivo; hacer crecer el turismo interno; desarrollar nuevos destinos y productos en las economías regionales; y aumentar la inversión pública y privada en el sector. (Más información en Turismo.)

En los cuatro ejes se ha crecido sostenidamente en estos años, al punto de que el avance del turismo, como herramienta par dar empleo y conectar a los argentinos entre sí y con el resto del mundo, parece no tener vuelta atrás. En 2018 tuvimos récord de visitantes extranjeros (alrededor de siete millones), se multiplicaron las conexiones con el resto del planeta y dentro del país, hay inversiones encaminadas por decenas de miles de millones de pesos y la infraestructura turística del país (con mejores conexiones viales, aéreas y de Internet y amplias obras de renovación de sitios emblemáticos) ha mejorado como hacía muchos años no pasaba.

Comunicaciones y conectividad. Una sociedad conectada y con tecnologías de la comunicación integradas a la vida diaria presenta nuevas oportunidades de crecimiento, trabajo y desarrollo productivo. Y la manera principal de conectarse con experiencias y personas en otras partes del mundo. Argentina, que mostraba hace no mucho un retraso comparativo en el despliegue de estas tecnologías, tiene el desafío de maximizar esas oportunidades y asegurar, al mismo tiempo, que toda la sociedad tenga acceso a sus beneficios. (Más información en Comunicaciones: un país más conectado.)

En estos tres años, desarrollamos una estrategia moderna de despliegue de infraestructura, que busca incentivar las inversiones y la competencia y que tiene en cuenta las necesidades de conectividad particulares de cada región. También trabajamos a través de la inclusión digital para que las oportunidades que presenta el mundo digital puedan ser aprovechadas por todos los argentinos.

Ambiente. En estos tres años, la política ambiental fue uno de los canales principales de la estrategia de integración inteligente al mundo de la Argentina, después de una década en la que la política de alianzas del país nos llevó a posiciones que cuestionaban, por ejemplo, los informes producidos por las Naciones Unidas sobre cambio climático. Como consecuencia, la política ambiental argentina está otra vez alineada con las discusiones globales y contemporáneas. (Más información en Ambiente y desarrollo sustentable.)

La política ambiental es una parte importante del proceso de ingreso a la OCDE, a través de la identificación de estándares ambientales y grado de cumplimiento en la Argentina. La Secretaría de Gobierno de Ambiente y Desarrollo Sustentable ejerció la presidencia argentina de la XXI Reunión del Foro de Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe en 2018. Se adoptó la Declaración de Buenos Aires y otras decisiones regionales referidas a químicos, basura marina y gestión de desechos, cambio climático, consumo y producción sustentables y biodiversidad.


Creamos el Grupo de Sustentabilidad Climática en el marco del G20 y lideramos las negociaciones internacionales para la adopción de dos documentos por consenso y la Declaración de Líderes con un párrafo proactivo sobre cambio climático.

Sistema científico. Es imposible pensar el desarrollo científico nacional sin una estrategia de colaboración con institutos e investigadores de otros países. En estos años trabajamos para ampliar el alcance de la gran cantidad de acuerdos bilaterales y multilaterales. Al intercambio de investigadores, las delegaciones científico-tecnológicas y los mecanismos mixtos para investigación básica y aplicada aportamos nuevos proyectos de cooperación público-privada, para poder hacer escalamiento internacional de empresas y proyectos de gran relevancia. Muestra de esto son los nuevos convenios firmados y en ejecución con Israel, Alemania, Francia y el Reino Unido. (Más información en Sistema científico.)

Empresas públicas. Desde 2016 se introdujeron cambios significativos en el gobierno corporativo de las empresas. Se incorporaron estándares internacionales de gobierno corporativo. Del mismo modo, el gobierno avanzó en el desarrollo de Lineamientos de Buen Gobierno para todas las empresas de propiedad estatal los cuales establecen siete reglas de buena gobernanza que las empresas deben adoptar.

En 2017 la OCDE evaluó a las empresas de propiedad estatal de la Argentina en materia de su gobierno corporativo y aceptó a la Argentina como adherente a la Recomendación de Gobierno Corporativo. La Argentina es el primer país en recibir este status sin ser parte de OCDE o haber recibido una invitación para serlo. (Más información en Empresas públicas sostenibles.)

Cultura. El contacto con experiencias y tradiciones extranjeras enriquece a los artistas de cada país. La cultura argentina volvió a ocupar en estos años un lugar protagónico en la escena internacional, con participaciones destacadas como país invitado de honor en las ferias LIBER (Madrid), FILBO (Bogotá) y ArCoMadrid. Participamos activamente en los mercados internacionales de industrias culturales de Colombia en 2016 y Brasil en 2018. Organizamos en conjunto con Canadá la Cumbre Cultural de las Américas en Ottawa en 2018. Y nuestro cine participó de innumerables festivales.

Además, se firmó una reglamentación para favorecer la circulación internacional de bienes culturales, un reclamo histórico de la comunidad artística. Esta nueva normativa simplifica los trámites de exportación de obra para artistas, galeristas y coleccionistas. Gracias a esta modificación, la cantidad de solicitudes para circulación de obras de arte aumentó un 240% en 2018. (Más información en Cultura).

Desafíos pendientes

Además de los beneficios económicos que vienen de multiplicar las exportaciones o el turismo receptivo, una actitud más abierta hacia la relación con otros países aporta otros beneficios, que incluyen la estabilidad democrática, la reducción de políticas o discursos chauvinistas o xenófobos y la convicción de que la solución de los principales desafíos del planeta, como el cambio climático, necesariamente afectan a la Argentina y requieren su participación directa. La Argentina no está a salvo de los problemas del mundo, ni debe ser ajena a contribuir con sus soluciones.

Para ello, el Gobierno y quienes defienden esta visión todavía tienen por delante dos tareas fundamentales. La primera es continuar el proceso de internacionalización de nuestra economía y otra áreas de la vida social, para hacer más difícil la tentación cíclica de nuestro país de buscar soluciones rápidas del estilo “vivir con lo nuestro”, que lucen tentadoras en el corto plazo pero inevitablemente conducen al aislamiento, el estancamiento y el recelo hacia lo extranjero.

La segunda tarea es convencer de las virtudes de este camino a los sectores de la sociedad que, muchas veces comprensiblemente, tienen dudas sobre la internacionalización. Después de experiencias de apertura fallidas, como la de la década dl 1990, muchos argentinos todavía necesitan saber que una cultura más abierta para salir al mundo no les hará perder identidad u oportunidades de trabajo sino, más bien, todo lo contrario, les permitirá enriquecer.